Llega el periodo de vacaciones, largamente esperado y deseado por todos, tras un primer semestre que podríamos calificar como “aceptable”, aunque con ciertos nubarrones que no terminan de despejarse, y otros que se han formado repentinamente y siembran bastantes dudas sobre el futuro a corto plazo.
Es cierto que en términos económicos, ya no sólo hablamos de macroeconomía, sino de la “intraeconomía” del sector, hay parámetros que inducen a pensar que vamos por el buen camino. Por un lado, las matriculaciones de vehículos industriales siguen a buen ritmo y eso siempre es positivo, aunque no signifique que las empresas de transporte están aumentando flota. Básicamente se está produciendo una renovación de la ya existente, muy envejecida por los años de crisis pasados, en los que cambiar un vehículo era poco más que una osadía.
Por otro lado, el Registro General de Empresas de Transporte por Carretera, a fecha 1 de junio contabilizaba un total de 236.137 empresas de transporte, sumando mercancías y pasajeros. Se trata de un leve crecimiento, pero que se produce tras dos meses de descender el número de empresas: el aumento es del 0,15% con respecto al mes anterior y del 0,94% en términos interanuales. En ambas facetas empieza a notarse una tímida recuperación del colectivo de autónomos, con menos problemas de financiación y una cierta recuperación del “interés” por este sector.
Pero hasta ahí los datos positivos de este primer semestre. La evolución del precio del carburante, que durante el último semestre de 2015 supuso la tabla de salvación para muchas empresas, ha comenzado a recuperar el terreno perdido, lo que inmediatamente se ha trasladado a los costes de las empresas. Ni que decir tiene que tal incremento de costes no se ha repercutido en los precios que perciben los transportistas. De esto ya ni se habla... si no es para bajarlo.
Con todo, la transformación efectuada en el sector del transporte de mercancías por carretera en estos últimos años, nos aboca a un escenario en el que las licitaciones/subastas, los famosos “Tenders”, las ventajas competitivas de grandes empresas que se han lanzado vorazmente a la “internacionalización ficticia” mediante empresas buzón, o la proliferación de “cooperativas” cuyo único fin es servir de puerta de entrada para falsos autónomos explotados por grandes empresas, hacen cada día más difícil a muchos autónomos, pequeñas y medianas empresas poder trabajar honestamente, respetando las reglas del juego.
En el momento en que escribo este editorial, salta la noticia del registro por parte de la Guardia Civil de la empresa PrimaFrio (ejemplo claro de algunas de las situaciones descritas aquí) por posibles delitos de fraude en el tacógrafo, fraude fiscal y explotación laboral. No sé donde terminará esto (respetamos la presunción de inocencia de cualquiera), pero no dejo de preguntarme ¿Por qué hemos tardado tanto?.
Espero como siempre vuestros comentarios
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