Sólo el 3% de los conductores de camión en Europa son mujeres

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En España hay unos 250.000 chóferes de camión, pero apenas 5.000 son mujeres. En el Día Internacional de la Mujer, el sector reclama que se fomente la integración de las mujeres para paliar la escasez de conductores profesionales.

Hoy, 8 de marzo,  se celebra en todo el mundo el día Internacional de la Mujer, y desde diversos ámbitos del transporte se ha aprovechado esta celebración para reclamar una mayor incorporación de la mujer a un sector como el transporte por carretera en el que se estima que solo en nuestro país tiene una carencia de unos 15.000 profesionales.

Una de las pocas voces que hemos escuchado a sido la de la  Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC), que ha aprovechado la ocasión para advertir  de la urgencia de que la Administración pública, los representantes políticos, las compañías, y las propias  organizaciones empresariales, como ASTIC, y los colectivos sociales fomenten una verdadera integración de la mujer en el sector del transporte de mercancías por carretera ante el apabullante desequilibro de género que existe en la actualidad en nuestro país. De hecho, el colectivo de mujeres transportistas en España no  alcanza el 2%.

Claro que en otros países de nuestro entorno tampoco es mucho mejor la situación: según datos de 2021 facilitados por la IRU (Organización Internacional del Transporte por Carretera), la media del porcentaje de mujeres en este sector en Europa es del 3 %, siendo Italia (7 %) y Alemania (5 %) los países con más féminas subidas a un camión de gran tonelaje. Un problema mundial que también afecta a países como Estados Unidos (7 %), Rusia (1 %) o México (2 %).

Las principales razones son la falta de áreas de descanso seguras y dignas, la dificultad para conciliar vida laboral-familiar y el complejo y costoso acceso a la formación

 

 

Este déficit de mujeres llama todavía más la atención si tenemos en cuenta el panorama actual de grave escasez de transportistas. Un problema que no solo afecta a España; a nivel mundial, el 24 % de los puestos de conductores profesionales no se cubren; y según la consultora Transport Intelligence, en Europa hacen falta unos 400.000 chóferes de camión.

No solo se trata de una cuestión de igualdad de género, sino también de una necesidad económica y social, vital para garantizar la sostenibilidad del transporte, un sector que constituye el eje vertebrador de la actividad económica de nuestro país y que, a día de hoy, adolece, no solo de falta de conductores profesionales, sino también de una enorme tasa de conductores mayores.

«Solo uno de cada cuatro conductores en España es menor de 50 años, así que en una década se perderá más del 30 % de esta fuerza laboral por falta de relevo generacional. Nuestro sector debería aprovechar el enorme potencial que tiene de crecimiento y de generación de empleo para ser capaz de hacer atractiva esta profesión también para las mujeres», destaca Ramón Valdivia, secretario general de Astic.

¿Por qué no hay más mujeres transportistas?

La falta de seguridad es la primera razón que señalan las mujeres y la tercera que apuntan los varones para justificar la falta de nuevas vocaciones. Algo fácil de entender si tenemos en cuenta que en España, con 15.000 kilómetros de carreteras, debería haber, al menos, un área de descanso para transportistas -segura, confortable y digna- cada 100 kilómetros y la realidad es que apenas hay treinta. «Los conductores acaban aparcando en gasolineras y polígonos, donde precisamente se produce el 75 % de los robos de la carga o el combustible e, incluso en algunas ocasiones, de ataques físicos, algo que han sufrido el 21 % de los chóferes europeos», señala Valdivia.

De las 300.000 plazas de aparcamiento para camiones operativas en Europa, menos de un 3 % se localizan en instalaciones certificadas con los correspondientes estándares europeos de seguridad y protección. Se estima que en 2024 harán falta, como mínimo, unas 400.000 plazas certificadas. Por eso, la UE invertirá en estas instalaciones 20 millones de euros, a través del programa ‘Conectar Europa’, unos fondos a los que más tarde se sumarán otros 100 millones.

Además de la falta de seguridad, otra razón que desmotiva a muchas mujeres a la hora de subirse a un camión es la dificultad para conciliar vida laboral y familiar (la llamada “vuelta a casa”). La gran mayoría prefiere sacrificar salario en favor de poder compatibilizar el trabajo con su vida personal.

El acceso a la formación también supone una barrera en muchos casos ya que ésta es compleja y costosa. La formación de un transportista -carnet de conducir (C1 / C1+E / C / C+E) y Certificado de Aptitud Profesional (CAP)- suele prolongarse durante un año y puede costar entre 4.000 y 6.000 euros. A finales de 2020, la DGT bajó de 21 a 18 años el límite legal para conducir camiones con el objetivo de despertar vocaciones cada vez más tempranas, pero tampoco se ha notado un incremento digno de mención en el caso de las mujeres.

La obligatoriedad de cargar y descargar las mercancías por parte de los conductores y las condiciones laborales en las zonas de carga y descarga han sido históricamente dos aspectos que también desincentivaban a las nuevas generaciones, ya fueran hombres o mujeres, pero a raíz de la publicación en el BOE del Real Decreto-Ley del Transporte de Mercancías por Carretera el pasado día 2, ya no suponen aspectos disuasorios.

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