Reportaje: Transcalsan, la herencia familiar

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Inauguramos una serie de reportajes que vamos a dedicar en primera persona a los verdaderos protagonistas de esto que se ha dado en llamar “actividad esencial”; el transporte por carretera desde la óptica de quien lo sufre y padece, pero también lo disfruta, porque para muchos de ellos, el veneno de la carretera ya no hay quien lo expulse.

Se ha convertido en algo ya habitual para los medios especializados en transporte por carretera hablar sobre la escasez de conductores profesionales en España (y en prácticamente toda Europa), de las malas condiciones de trabajo que adornan esta profesión y del futuro más bien incierto al que se enfrentan tanto transportistas autónomos como pequeñas empresas de transporte, que no cuentan con los recursos y las sinergias de las que pueden beneficiarse los grandes operadores logísticos y empresas transportistas.

“Cuando se hacían los aplausos, se recordaban profesiones como sanitarios, empleados de supermercados y otros, pero pocas veces se acordaron del transporte”

Por eso, hemos querido iniciar una serie de reportajes para conocer de primera mano qué opinión tienen los transportistas, como viven el día a día y cómo les afectan esas noticias que solemos publicar en clave nacional, pero que muchas veces nos olvidamos de que suelen tener consecuencias directas y a veces dramáticas, sobre personas, familias, profesionales del transporte con nombres y apellidos…y  una historia detrás de dedicación al transporte.

Y nos hemos trasladado hasta Palencia para conversar con tres hermanos, que hace  25 años, en el año 96, tuvieron que tomar una dura decisión: con apenas 21 y 22 años hacerse cargo de la empresa de transportes de Rufino,  su padre, que fallece “en acto de servicio”, como dice Alberto, el mediano de los tres hermanos, víctima de un infarto en ruta. Rufino, después de trabajar bastantes años como chofer, dio el paso y se estableció como transportista autónomo para la empresa de alimentación Siro, con sede en venta de Baños (Palencia) y en 1996, el año del trágico accidente, ya contaba con dos camiones.

Alberto.- "Yo puedo enseñarte tarifas de mi padre de hace 30 años de rutas a Madrid o Barcelona que se pagaban mejor que ahora. Si yo de Palencia a Madrid, cobro 300 euros, las empresas grandes lo hacen por 180... y a mí me salen 170 euros de gasto. Yo no puedo hacer esto, necesito un margen mínimo".

Alberto, el mayor de los hermanos recuerda como se saco el título de transportista y “poco después estaba subido a su primer Renault”, mientras que Ricardo, (Richard para  los amigos) se quedó con el camión que durante tantos años había conducido su padre. Unos años después, la empresa familiar se completa con el tercero de los hermanos, Diego, que prácticamente se sube a un camión sin  haber conducido tan siquiera un coche con anterioridad y poco a poco y gracias a que el trabajo marcha bien,  la empresa crece hasta su dimensión actual que cuenta con cinco camiones y varios chóferes.

Empresa familiar

Pese a tratarse de una empresa familiar, no todos ellos han sentido la vocación para darle continuidad al negocio iniciado por Rufino. Tan sólo Ricardo sabía desde muy pequeño que estaba destinado a convertirse en conductor profesional. Para el resto, supuso más una transición lógica y necesaria tras el fallecimiento del padre hacia una profesión a la que sin haber llegado por vocación, estos años de oficio han llenado de alegrías, pero sin olvidarse de lo duro que puede llegar a ser este oficio.

“Antes un camionero lo era por devoción" -afirma Alberto-. "El que cogía un camión era porque le gustaba. Sin embargo de unos años para acá, el que no tiene nada que hacer se mete a Guardia Civil o camionero”.  “Es un trabajo muy sacrificado, pero trabajando bien y teniendo un poco de suerte se veía color", añade Ricardo, que, eso sí, asegura que “no nos han regalado nada… y horas hemos echado todas las habidas y por haber, saliendo sábados, domingos, doblar…pero eso sí, sin trampas, nunca hemos tenido ni teclas ni imanes”.

Ahora esos tiempos en que el sector del transporte de mercancías era uno de los tradicionales “sectores refugio”,  al que llegaron, por ejemplo, muchos trabajadores tras la explosión de la burbuja de la construcción en 2008, parecen quedar lejos. Tan simple como la disección que hace Diego: “Ahora mismo este trabajo no interesa porque no compensa. Hay grandes flotas que acaparan todo el trabajo que pueden, bajan mucho los precios y como autónomo no hay futuro”.

Tampoco parece que desde la política vaya a llegar la solución como reconoce Alberto, para el que “la solución política para esto, en vez de intentar ayudar al transportista, es permitir poner con una cabeza tractora dos remolques…así te ahorras un chofer”.

Ricardo.- "En los momentos duros de la pandemia, se nos hacía muy raro y muy triste circular tú solo por una autovía, sin ver otro camión en kilómetros y kilómetros, o ir a un bar, cuando encontrabas uno que te sirviera, que lo normal era que dieran el café en la calle y a parsar de juntarte con otros cino o seis camioneros apenas nos mirábamos... como si la mirada contagiara".

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¿Cuándo empezó a torcerse todo?

Para Ricardo uno de los problemas viene derivado de los retornos: “antes los viajes de salida iban bien pagados, contando con la vuelta, pero empezaron a surgir los retornos y obviamente todo el mundo quiere hacer los viajes de retorno, y claro…se pagaban a un precio más barato y esto ha derivado en que al final trabajamos sólo a precio de retorno, tanto a la ida como a la vuelta”.

El servicio: factor diferencial

En este contexto, la concurrencia con las grandes empresas es inevitable y la mayoría de las veces con todas las de perder. De todos es conocida la práctica habitual cada día más extendida de sacar a “tender” las necesidades de transporte de cualquier cargador, una acción que suele provocar que empresas como la de los hermanos Calvo, con tres, cuatro o cinco camiones en rutas para ese cargador acaben sucumbiendo ante unos precios que a veces superan incluso en 25% de rebaja.

Pero no es el caso de esta empresa y afortunadamente de tantas otras cuya única, pero potente baza para competir es el extraordinario servicio que ofrecen a sus clientes, un servicio que difícilmente   se puede encontrar cuando el valor fundamental que se ofrece es el precio. “nosotros hemos tenido la suerte durante muchos años que  nuestro cargador ha valorado mucho el servicio que prestamos” afirma Alberto, para el que es un factor diferencial: “a nosotros nos han llamado a cualquier hora, por una urgencia y siempre respondemos, y no le cobro de más, incluso sábados y domingos…y eso no lo hace una empresa grande”, señala.

¿Falta de conductores?...normal

No es extraño, a juicio de estos pequeños empresarios del transporte, que en estos años la demanda de conductores profesionales no se cubra, dando lugar a un envejecimiento de la profesión, con una media de edad en nuestro país que ronda los 54 años y una falta de relevo generacional acuciante.  La explicación es tan simple como aclaratoria: “Nosotros a nuestros chóferes, afirma Ricardo, les tenemos bien cuidados; les ponemos camiones nuevos, no se les obliga a pasarse de horas, duermen todos los días en casa porque tenemos un trabajo que es bastante bueno…pero no les podemos pagar 2.500 euros, y hay días que trabajan 10 y 11 horas. Si esta persona encuentra un trabajo en una fábrica, donde va a trabajar 8 horas y cobrar 1.200 euros, normal que se baje del camión”.

Camiones que identifican a una familia

Si algo caracteriza a la empresa de los hermanos Calvo, es la decoración que adorna sus vehículos, no excesivamente recargada pero con personalidad propia. Pero…¿de donde viene esta imagen? Curiosamente, la tradición parte del hermano menor, Diego, que desde bien pequeño  se encariñó con un dibujo que aparecía en la carátula de un disco  de La Polla Record, que terminó tatuándose y que, posteriormente acabó  adornando el lateral de su Magnum.  

A él le siguieron otros  tres camiones, que  replican  otros tres motivos  diferentes, pero que  guardan  una cierta relación de estilo, todos ellos con un aire “azteca”.   “nuestro padre ya tenía puesto su nombre,  y el de los hijos en la tractora…ahora esto  se ve de otra manera”. Pero  el orgullo de familia se mantiene intacto como lo demuestra  el que han mantenido en todos sus vehículos el nombre  de su padre y fundador de la empresa, Rufino, en todo lo alto del camión. 

 

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