El transporte en la Europa de las dos (o más) velocidades

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La Europa de las dos velocidades: una expresión tantas veces oída desde las primeras ampliaciones del “espacio común europeo”, como eufemísticamente se le ha dado en llamar a esta Unión Europea que lo es en cuestión de mercado, pero no en otros muchos aspectos. Y es precisamente ese nexo claro, el mercado común europeo, lo que mejor define a la Unión de los 28, lo que puede convertirse en el origen y causa del estallido final que acabe con el sueño europeísta.

Un reflejo más que evidente lo estamos viviendo en los últimos años en el sector del transporte de mercancías por carretera, una de las actividades económicas más expuestas a este fenómeno por ser el sector que asume el mayor porcentaje de transporte internacional entre los distintos Estados miembros y, a la vez, decisivo, del transporte interior de cada país, una diferencia que a veces no parece estar todo lo clara que debiera.

Esas dos velocidades de las que hablábamos al comienzo son las causantes de la generalización de un fenómeno que conocemos como “Dumping Social” y que tiene su reflejo más notorio en la proliferación de las llamadas “empresas buzón”, que a estas alturas no necesitan explicación, pues, tal y como confirman diversas fuentes del sector, rara es la empresa (el tamaño ya no parece ser un problema si exceptuamos autónomos y (muy) pequeñas empresas) a la que no la han ofrecido deslocalizarse en Rumanía. Los números están mas que claros: la seguridad social de un conductor por 50 Euros, un salario cuatro veces menor... vamos unos 1.500 euros de ahorro.

En nuestro país, en el que se ha instalado una máxima por encima de cualquier otro condicionante moral, ético y, a veces incluso legal, que es LA COMPETITIVIDAD, todo vale: empresas buzón para todos, cooperativas de falso trabajo asociado al servicio de los grandes operadores, falsos trade… Hay que ser competitivos caiga quien caiga. Es el entorno perfecto para que proliferen esas prácticas al borde (por fuera) de la legalidad.

Esa es la realidad. Y en nuestro país, en el que se ha instalado una máxima por encima de cualquier otro condicionante moral, ético y, a veces incluso legal, que es LA COMPETITIVIDAD, todo vale: empresas buzón para todos, cooperativas de falso trabajo asociado al servicio de los grandes operadores, falsos trade... ¡¡Que nuestros grandes empresarios no sufran los rigores del mercado!!. Hay que ser competitivos caiga quien caiga. Es el entorno perfecto para que proliferen esas prácticas al borde (por fuera) de la legalidad.

Lo malo, y eso no parece tener ningún interés para nadie, es que esa realidad también es la del conductor rumano o búlgaro, desplazado de su hogar meses, en unas condiciones que deberían hacernos replantear lo que es verdaderamente importante, porque ingenuamente seguimos pensando que en los negocios (como en la guerra) no puede valer todo.

Es cierto que la capacidad de maniobra de las administraciones implicadas (en el reportaje que incluimos en este número te contamos qué pueden hacer los departamentos de Fomento, Trabajo o la Agencia Tributaria) en el control de estas prácticas a menudo ilegales es más bien reducida. Pero no es menos cierto que tampoco vemos en el ejecutivo español la misma determinación por erradicar este tipo de prácticas que en otros gobiernos europeos, capitaneados por Francia, que sí parece haber emprendido una cruzada contra este fenómeno de “esclavitud moderna” amparada en la Europa de las dos (e incluso tres) velocidades.


Espero como siempre vuestros comentarios

Consulta aquí la actualidad del transporte de mercancías.

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