Muchos frentes abiertos para el nuevo ministro de Fomento

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Después de casi un año de Gobierno interino, por fin se ha formado el nuevo ejecutivo que deberá dirigir esta “nave”, en principio, los próximos cuatro años. Una labor que se antoja ciertamente difícil dada la actual composición del arco parlamentario, más fraccionado que nunca.

Será todo un reto para un Gobierno, el del Partido Popular, más acostumbrado a legislar al amparo de una mayoría absoluta, y que ahora tendrá que hacer valer algo más que el “rodillo parlamentario”, pues necesitará de otros partidos para sacar adelante las leyes que pretende impulsar y las que han quedado pendientes de la anterior legislatura.

Por lo que respecta al transporte de mercancías, podríamos decir que la primera batalla ya se ha perdido: ni siquiera se ha entrado a valorar la conveniencia de otorgar al sector el peso específico que se merece, dotándole de un ministerio propio de Transportes, tal y como se ha pedido desde diversas instancias.

Y es que la verdad es que no son pocos los frentes, pero a nuestro juicio todos ellos parten de una premisa común, puesta sobre la mesa por alguien que, no se puede decir otra cosa, sabe de esto: Ovidio de la Roza, que reclamó durante el pasado Congreso de Transportes organizado por CETM que “la fortaleza y el dinamismo de este sector sean reconocidos y respetados tanto por la sociedad como por la clase política”... vamos una proporcionalidad entre el servicio que presta el transporte a la sociedad y la atención que merece a nuestra clase dirigente. En las anteriores legislaturas hemos asistido a una pérdida de influencia de este sector, al que desde la Administración siempre se refieren como “esencial para nuestra economía”, dentro del propio Ministerio de Fomento, más interesado siempre en el capítulo de infraestructuras con una deriva casi enfermiza hacia las inversiones en la alta velocidad en detrimento de la carretera, que día a día va acumulando un déficit en conservación que ya ha alcanzado el grado de “alarmante”.

Para pilotar esta apasionante legislatura en materia de transportes, el Gobierno ha elegido a Íñigo de la Serna como nuevo ministro de Fomento. De la Serna, ingeniero de Caminos Canales y Puertos y que viene directo desde la alcaldía de Santander deberá  “ponerse las pilas”  sin ninguna demora, pues no son pocos los frentes que tiene abiertos el sector y que requieren de una intervención urgente: en el plano legislativo,  lo más urgente es concluir el desarrollo del Reglamento de Ordenación de los Transportes Terrestres (ROTT), que acumula ya tres años de demora , en el que se deben concretar algunas cuestiones de enorme interés para los transportistas, entre ellas los requisitos de acceso a la profesión, cuestionados desde diferentes ámbitos (incluida la Unión Europea).

El catálogo de “deberes” pendientes es tan amplio (medidas proteccionistas de algunos Estados Miembro en Europa, dumping social, economía colaborativa incrementos fiscales, cargas sociales, etc) que De la Serna no va a poder contar ni con el periodo de gracia que se le concede a todo recién llegado. A trabajar.

Espero como siempre vuestros comentarios.

 

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