Autónomos: ¿un freno para la modernización?

editorial autonomos 227

En los últimos meses se ha convertido en una constante: a cada foro al que acudimos, a cada presentación a la que vamos, en cada corrillo con el resto de la prensa en el que charlamos sobre diversos temas que atañen al transporte por carretera, siempre se menciona el oscuro panorama que parece aguardar a los transportistas autónomos en España.  Quien así piensa, hace gala de un profundo desconocimiento tanto de la realidad social de esta actividad en nuestro país como de la propia idiosincrasia de este colectivo.

Cierto es que hablamos de un colectivo que se ha situado en el punto de mira de la administración de transportes, Ministerio de Fomento, primero y Ministerio de Hacienda más recientemente, que le han considerado como un “freno” para la modernización del transporte en España en esa alocada carrera por la “ultracompetitividad”, despojada de toda ética y a la que parecen haberse sumado, sin el menor signo de sonrojo, buena parte de nuestras grandes (y no tan grandes) empresas.

Los  autónomos y pequeñas empresas de este país ocupan un lugar que, hoy por hoy, es irremplazable y mucho menos por grandes operadores logísticos, más interesados por la logística en mayúsculas.

Sin embargo, sólo hay que echar un vistazo a la evolución de los acontecimientos para darse cuenta de que se equivoca quien así piensa, pues tal y como estamos viendo, la desaparición de un buen número de empresas físicas ( y aquí hablamos de autónomos puros y microempresas con tres o cinco camiones a las que podemos considerar como tales), deja un hueco que está siendo rellenado por grandes empresas y operadores de transporte a golpe de cooperativas de trabajo asociado creadas ex profeso para  contar con mano de obra barata (en muchas ocasiones los propios transportistas autónomos expulsados del mercado). Eso cuando el trabajo no es “canibalizado” por grandes multinacionales de fuera con más experiencia en esto del “dumping social".

No, no es el mercado el que expulsa a los autónomos, si no ya lo habría hecho. Y por mucho que les pese a no pocos actores de este sector, el 67% del total de empresas transportistas de este país, según datos del propio Ministerio de Fomento, son empresas físicas, es decir, autónomos o microempresas de hasta tres vehículos. Nada más y nada menos que 156.400 empresas de un sólo camión, según datos de 2016. Es más, en diez años, la reducción de este tipo de empresas ha sido de 7 puntos porcentuales. Ante esta realidad, cobran especial significación los últimos movimientos legislativos y fiscales, como la modificación del ROTT o los cambios acaecidos en el régimen de módulos que en definitiva buscan por la vía legal lo que no es una necesidad del mercado.

De cualquier manera, estamos convencidos de que los  autónomos y pequeñas empresas de este país ocupan un lugar que, hoy por hoy, es irremplazable y mucho menos por grandes operadores logísticos, más interesados por la logística en mayúsculas, en la que tienen difícil encaje otras modalidades de transporte (regional, pequeñas empresas, etc) en el que la flexibilidad y profesionalidad de los autónomos no tiene competencia.

Espero como siempre vuestros comentarios.

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